Hoy es uno de esos días en los que me siento orgullosísimo de ser español (entiéndase en tono irónico), este país en el que se arrojan niños por encima de una reja para que entren en contacto con una figura de madera, ese país en el que, paradójicamente, apaleamos a quien salta otra reja en busca de un futuro, el mismo país que expulsa a los jóvenes más talentosos y atrae a las mafias rusas, italianas, etc. Un país en el que no tener un trabajo te priva de atención sanitaria, el país que en lugar de ver un problema la destrucción del medio ambiente, ve una oportunidad de negocio para unos pocos. Este país en el que hoy desayunamos sabiendo que es el primero de Europa, el lider, el top, la locomotora del viejo continente....del tren del abandono animal. Aquí no solo se asesina a un toro después de torturarlo con lanzas, o después de clavarle banderillas, no basta con petrolear especies marinas y aves, exterminarlas quemando sus hábitats, además de eso, se ahorcan perros porque ya no colaboran a que su amo juegue a los pistoleros en el monte. Pero no satisfechos con eso, aquí se gasta el dinero en un animal para satisfacer un capricho de un niño malcriado y a los pocos días se deja tirado en una cuneta. Pero entonces llega un momento en el que me vuelvo a sentir orgulloso, y es cuando aparece un voluntario de una protectora que invierte su dinero y su tiempo en rescatar a esos animales maltratados que tuvieron la mala suerte de caer en manos de una especie podrida.
