El 1 de marzo, la Marea de fuego, hizo visible en Madrid a este colectivo que no suele salir en televisión, ya que las cámaras no llegan a donde ellos están trabajando, y en caso de llegar, directamente se derretirían. (Esto os puede dar una pista de porque cuando los medios cubren un incendio, solo se ve a la UME...). La Marea de fuego es además un peligro para las administraciones, que empeñadas en dividir para mermar, ven como se dan pasos hacia la unión y con la unión, la fuerza.
Un Bombero Forestal nunca abandona su trabajo, nunca abandona a un compañero, nunca abandona por muchas horas que lleve en el tajo, pero sin embargo es abandonado por los gobiernos que olvidan a los fallecidos, abonan sueldos ridículos, imponen jornadas laborales maratonianas, y los dotan de equipamientos más propios de un jardinero que de alguien que se enfrenta a las llamas. Y la madre de los problemas, el clientelismo, amiguísimo, privatizaciones y creación de chiringuitos con el único fin de hacer negocio con el fuego.
La lluvia cesará, y con el buen tiempo los terribles incendios proliferarán por nuestro territorio arrasando quién sabe cuantas vidas, casas y hectáreas de bosques, pero lo que si sabemos es que los Bomberos Forestales estarán dándolo todo, multiplicándose para suplir a todos los que ya no están, dejándose la piel y la vida a pesar de contar cada vez con menos medios humanos, materiales y quizá lo más doloroso, sin el reconocimiento merecido.
