Hasta hace pocos años, no se sentía ese clamor contra la Monarquía, ni siquiera contra la corrupción y las injusticias, había dinero, servicios públicos de calidad y espectativas de prosperidad. Aprovechemos la crisis, para reformar completamente y sin ataduras sentimentales del pasado este Estado. Deshagámonos del lastre, Monarquía, Diputaciones y demás instituciones anacrónicas, impulsemos una reforma profunda de la Constitución que blinde la sanidad, los servicios básicos, la protección al Medio Ambiente (todavía no amenazado en 1978), y que establezca una forma de Estado moderna y eficiente, adaptada a las necesidades actuales y pensando en el futuro. Ni la Monarquía Parlamentaria de una próspera Dinamarca, ni la costosa República de una decadente Italia deben ser ejemplos a seguir. El referéndum no debe quedarse en un simple eslogan electoralista, la reforma va más allá de una Ley Orgánica o de una consulta independentista a la brava. En un hipotético referéndum sobre lo que quiero para mi país, eligiría ser un estado del norte con gente del sur.
Un lugar donde la expresión sin censura de los temas que nos afectan a todos se plasman en un lenguaje sencillo y sin complejos.
viernes, 6 de junio de 2014
Refrendar en referéndum
Lo último es pedir referéndums para casi todo lo que nos toca el ADN, como buenos europeos del sur y latinos, nos mueven las pasiones, La Roja, Monarquía o República, Independencia... Ser apasionado es una cosa, que además de estar muy bien, tiene muchas ventajas sobre el carácter frío y rígido de Daneses, Noruegos, etc... Ellos, con esa actitud recta y pragmática, obsesionados con la productividad y la renta per cápita, no disfrutan de su estado de bienestar, Dios da pan a quién no tiene dientes.. ¿Y si buscamos un término medio? Dosifiquemos la pasión. La Monarquía es una institución hereditaria totalmente inútil para el devenir del país, la figura del Jefe de Estado, sin funciones reales, sólo simbólicas, es demasiado cara y demasiado poco transparente. No voy a entrar al debate de si la Monarquía fue buena o mala en algún momento de la historia, pero ahora sobra. Desde el punto de vista del funcionamiento de las instituciones, de la gestión de la nación, considero que no es necesaria ni siquiera la República, de la que tampoco voy a juzgar sus logros en el pasado. Este debate, bajo mi punto de vista, junto con el de la independencia de las CCAA, es muy romántico, pero muy poco práctico. Si vamos a buscar la forma de Estado más eficiente y que mejor resuelva las necesidades de los ciudadanos, dejemos para el final los himnos y banderas (tema aparte son los idiomas,que pertenecen a la riqueza cultural de todos).
