No creo en las fronteras físicas, regionales o nacionales, me siento patriota cuando un voluntario de Cruz Roja o de una ONG ayuda a un inmigrante. No me siento patriota cuando alguien que expulsa a cientos de miles de jóvenes españoles justifica una valla llena de cuchillas mortales para evitar la "invasión" de unos cientos de inmigrantes.
Soy patriota cuando la gente colapsa los canales de ayuda frente a una catástrofe. No soy patriota cuando alguien interesadamente manipula a las víctimas de esas catástrofes para salvar a los responsables.
Me siento patriota cuando miles de ciudadanos salen a la calle a defender los derechos de los que se quedan en casa. No me siento patriota cuando alguien ordena apalear a esos manifestantes.
Los parados, los seiscientoseuristas, los luchadores, me hacen sentir patriota. Los que se llevan el dinero robado a Suiza me hacen sentir asco de compartir nacionalidad.
Las diferentes lenguas, el folclore, la música y el arte me hacen sentir patriota. Con los toros, los cazadores de elefantes y los que saltan la reja no me siento identificado.
La cultura, el esfuerzo y la solidaridad son los mejores símbolos para un estado, lejos de fronteras, banderas y romanticismos varios.
